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Una Vida Libre de Estrés: Capítulo 1

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Un mundo estresante

Una reciente encuesta de Gallup encontró que más de un tercio de la población mundial experimenta mucha preocupación y estrés. El estrés está teniendo un efecto tan negativo en EE. UU., que la Asociación Estadounidense de Psicología afirma que casi la mitad de los norteamericanos lo padece y admiten que está socavando su bienestar general.

De una u otra forma, todos experimentamos estrés; independientemente de nuestra edad, raza, género, posición social o estatus financiero.

Vivimos en un mundo agitado, donde la mayoría de las personas se encuentran a menudo corriendo contra el reloj, luchando para cumplir con sus responsabilidades y tratando de llegar a fin de mes. Con frecuencia, nos encontramos en la necesidad de tomar impostergables decisiones que afectan nuestra vida y las de nuestras generaciones. Todos estos factores contribuyen a producir estrés mental y emocional. Además, a través de la televisión y la internet, a diario somos bombardeados por noticias sobre crisis en nuestro país y alrededor del mundo: desastres naturales, guerras, hambre, miseria, fracasos económicos, discordias políticas, crímenes, desintegración social, preocupaciones ambientales y más.

Nuestro mundo y nuestras vidas están llenas de estrés. Estos son los tiempos que estamos viviendo. Sin embargo, experimentar continuo estrés tiene un costo muy grande. Mucha gente lucha constantemente contra la ansiedad o el miedo. Otros luchan con profundos episodios de angustia y opresión. Dependiendo del grado que alcance, el estrés es incómodo, altera la vida de una persona o incluso la pone en peligro. La Asociación Estadounidense de Psicología afirma que, “El estrés crónico está ligado a las seis principales causas de muerte en el mundo: trastornos al corazón, cáncer, enfermedades pulmonares, accidentes, cirrosis hepática y suicidio. Y más del 75 por ciento de todas las visitas al médico tienen su origen en enfermedades y quejas relacionadas con el estrés”.

Experimentar continuo estrés tiene un costo muy alto.

¿Qué es el estrés?

Quizá tomó este libro porque usted o un ser querido están siendo afectados por algún nivel de estrés. Particularmente, he sentido la urgencia de escribir Una vida libre de estrés, porque quiero ayudar a la gente a encarar los efectos destructivos de este mal, sus causas y consecuencias físicas, emocionales, mentales y espirituales. Deseo demostrar que usted sí puede experimentar alivio, esperanza y gozo, sin importar el nivel de estrés con el que se está lidiando. Quiero que juntos descubramos sus profundas causas, cómo evitar que se apodere de su vida y cómo vivir libres de estrés.

En términos generales, el estrés es un estado de alerta, ansiedad o miedo. Sin embargo, lo primero que debemos entender es que el estrés en sí mismo no siempre es negativo. En su forma más básica, es una alarma fisiológica interna que se activa en situaciones de emergencia, cuando creemos que estamos enfrentando una amenaza o peligro, real o percibido; o en momentos que tenemos altas expectativas de desempeño respecto a una tarea en particular, aunque esas expectativas sean auto generadas o provengan de una fuente externa.

¿Cómo reacciona el cuerpo ante el estrés? Libera hormonas, como la adrenalina, como un “mecanismo de supervivencia”. La adrenalina acelera los latidos del corazón, aumenta la presión arterial, tensa los músculos, aumenta el flujo sanguíneo a los músculos grandes, produce sudor, reduce el dolor y muchos otros efectos. Cuando enfrentamos un peligro, el estrés genera una respuesta que puede salvar nuestra vida, al permitirnos tomar medidas inmediatas y efectivas. Sin embargo, cuando vivimos en estado de estrés continuo, pueden ocurrir daños físicos, mentales, emocionales y espirituales. Nuestra mente y cuerpo se sobrecargan, lo que nos obliga a pagar un alto precio, a corto o largo plazo.

Esto significa que, temporalmente, en situaciones como las descritas arriba, el estrés puede ayudarnos a funcionar rápidamente bajo presión, y nos motiva a dar lo mejor de nosotros mismos. Sin embargo, cuando la reacción al estrés se prolonga, puede resultar dañina. Nuestro cuerpo, mente y emociones no están diseñados para vivir perennemente en estado de emergencia.

Todo lo que la gente tolera de continuo se convierte en una norma. De ahí que, si cedemos a la ansiedad o al miedo, eso empezará a definirnos. Este es el punto donde el estrés deja ser algo que experimentamos solo de vez en cuando o en algunas circunstancias, para convertirse en algo que se apodera por completo de nosotros. Cuando eso ocurre, comenzamos a tratar con factores espirituales, lo mismo que con factores físicos y emocionales. Muchas personas no alcanzan a reconocer el elemento espiritual en el estrés, por eso permanecen atrapados en sus garras.

Si usted se rinde continuamente al estrés, éste terminará esclavizándolo.

Dos tipos de estrés

Para propósitos de este libro, definiremos el estrés de dos maneras: estrés natural y estrés espiritual.

Estrés natural

  • El estrés natural permanece mayormente en las esferas física, emocional y mental, aunque los elementos espirituales pueden influir en él. Existen varias causas para el estrés, y hablaremos de ellas en el próximo capítulo. El estrés natural puede producir síntomas físicos tales como dolores de cabeza, tensión en el cuello y hombros, dolor de espalda, fatiga, problemas estomacales, falta de sueño y severa irritación en la piel. También puede producir síntomas emocionales y mentales, tales como ansiedad, tristeza profunda, ira, impaciencia, irritabilidad, sentimientos de desesperanza, problemas de concentración, cierto grado de pérdida de la memoria y pensamientos negativos. Aunque podemos sentir estrés temporal cuando nos enfrentamos a nuevas situaciones o cuando somos desafiados a alcanzar metas muy altas, en muchos casos el estrés se manifiesta como resultado de situaciones perturbadoras a las que somos expuestos en el transcurso del tiempo.

Estrés espiritual

  • Cuando el estrés está en estado natural, la persona todavía tiene la habilidad de lidiar con él. Sin embargo, cuando alcanza el ámbito espiritual, es difícil de controlar con métodos naturales, y requiere tomar medidas espirituales significativas.
  • Con el estrés espiritual se manifiestan varios tipos de “yugos” controladores, como los celos, el miedo, la ira y la depresión. Por ejemplo, cuando una persona excede el límite de presión en determinada situación y pasa a vivir en estado de depresión, se convierte en prisionero de la desesperación. El yugo del estrés da forma y moldea algunas maneras de pensar, las cuales se reflejan en su conducta. Por eso, cuando alguien cae en depresión, su semblante cambia, sus rasgos decaen o se endurecen. Unos se hunden en un modo autodestructivo a medida que la depresión reduce su capacidad de funcionar normalmente. Entre los síntomas de la depresión podemos citar: tristeza profunda y continua, sentimientos de desesperanza, baja autoestima, pesimismo, culpa, dolor físico, problemas digestivos, cambios en los patrones de sueño y apetito, abuso de alcohol o drogas, sexo ilícito, juegos de azar y pensamientos de suicidio.
  • Cuando vivimos en depresión, no tenemos expectativa de nada bueno ni alcanzamos a ver una salida a nuestros problemas, incluso en momentos en que el desafío puede ser relativamente fácil de superar.

Cuando el estrés entra en la etapa opresiva, no puede ser controlado por medios naturales; debe ser abordado espiritualmente.

La Biblia nos ofrece varios ejemplos de personas que sufrieron de depresión como resultado del estrés. Yo creo que el gran líder y legislador Moisés cayó en depresión, y eso le impidió entrar a la tierra prometida, incluso después de haber liberado al pueblo de Dios de la esclavitud egipcia. Finalmente, eso fue lo que acabó con su liderazgo. Por años Moisés había acumulado las cargas del pueblo en su corazón, hasta que se agotó y se deprimió. Molesto por la continua rebelión, las quejas y la incredulidad de la gente, desobedeció a Dios en gran medida. (Vea Números 20:8-13). Como dije anteriormente, cuando luchamos contra la depresión, podemos comportarnos de manera autodestructiva, lo cual después lamentaremos.

Veamos otro ejemplo. Elías fue uno de los grandes profetas del Antiguo Testamento, quien en base a la fe y con el poder del Dios viviente, derrotó de forma audaz a cuatrocientos cincuenta profetas del falso dios Baal. Sin embargo, cuando la reina Jezabel lo amenazó de muerte, se asustó y decidió huir. Después de un tiempo, perdió toda esperanza y cayó en un estado de depresión; entonces fue oprimido espiritualmente, hasta el punto de desear morirse. Pero Elías fue finalmente restaurado por el descanso, la nutrición, las palabras alentadoras de Dios, el fortalecimiento espiritual y una fe renovada. Su historia nos muestra a primera vista cómo nosotros también podemos vencer el estrés que proviene del miedo, la fatiga y la desesperanza. (Vea 1 Reyes 18:20-40; 19:1-18).

Si vivimos en un estado de estrés avanzado, pero aún no sabemos lo que nos ha atado, no reconoceremos que estamos siendo oprimidos por una fuerza externa y no solo por nuestras propias luchas internas. Solo el poder de Dios puede liberarnos de esa influencia tiránica. La Biblia nos enseña: “Ni den cabida al diablo” (Efesios 4:27 nvi). Si permitimos que el diablo —el ser espiritual maligno que se opone a Dios— irrumpa en nuestras vidas a través de un largo período de estrés, en el que nos aferramos al miedo, la ansiedad, la ira o la desesperanza, terminaremos oprimidos.

Sin embargo, podemos estar seguros de que, sin importar el tipo de yugo que nos venga a través del estrés, Dios tiene poder más que suficiente para romperlo y quitarnos toda carga. Esa seguridad nos viene de la Escritura que dice: “Acontecerá en aquel tiempo que su carga será quitada de tu hombro, y su yugo de tu cerviz, y el yugo se pudrirá a causa de la unción” (Isaías 10:27). Jesucristo, el Hijo de Dios, ya derrotó al diablo; pero Él quiere que nosotros también seamos libres y que aprendamos a vivir continuamente en Su victoria.

Dios tiene poder más que suficiente para destruir la tiranía del estrés y remover toda carga de nosotros.

Manejando y derrotando el estrés

Es necesario recordar que cuando nos encontramos con situaciones estresantes en el hogar, el trabajo, la escuela y otros entornos, a menudo esas situaciones solo forman parte natural de la vida, y debemos aprender a manejarlas. En este libro, quiero mostrarle cómo manejar esas situaciones, buscando la paz y la fuerza de Dios. Más allá de eso, puede haber ocasiones en las que sintamos que nos estamos aferrando al estrés por largos períodos de tiempo o que el estrés nos está controlando. No es la voluntad de Dios que vivamos estresados, deprimidos ni al borde del colapso. Necesitamos ser libres y empezar a confiar en Aquél que gobierna el cielo y la tierra y puede ayudarnos en todo. Jesús dijo, “Si puedes creer, al que cree todo le es posible” (Marcos 9:23), y “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

Si usted reconoce que tiene síntomas de estrés opresivo, necesita la ayuda de Jesús y el poder del Espíritu Santo de Dios. Quizá no sepa cómo orar ni pedirle ayuda a Dios. Por eso, antes de pasar al siguiente capítulo quiero invitarlo a orar conmigo, sabiendo que, si declaramos esto con fe, el estrés se convertirá en paz, la tristeza en alegría y la desesperación en esperanza. Ore creyendo en su corazón que Dios actuará en su vida:

Señor Jesús, reconozco que hay situaciones más allá de mi control que me han robado la paz, han atado mis emociones y traído enfermedades a mi cuerpo. El estrés ha avanzado hasta convertirse en opresión espiritual y me está controlando. Me arrepiento por los errores que he cometido, y te pido que me perdones por haber permitido que el estrés entre a mi vida. Hoy necesito Tu ayuda para ser libre. Recibo el perdón que me diste con Tu muerte en la cruz, cuando llevaste mis pecados y mis fallas sobre Ti, y con Tu resurrección de entre los muertos me diste vida eterna. Te recibo en mi corazón y le pido al Espíritu Santo que traiga paz, fe y libertad a mi mente, alma y cuerpo. Hoy, en Tu nombre, tomo la decisión de dejar a un lado toda ansiedad, tristeza, preocupación y todo lo que me causa estrés y depresión. Recibo de Ti paz, sanidad, fe y esperanza. ¡Gracias, Señor Jesús! Amén.

 

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