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Estrategias del Enemigo en los Últimos Tiempos: Capítulo 1

Lea el capítulo 1 aquí

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Las distracciones en los últimos tiempos

En más de una oportunidad le habrá pasado que cuando está más enfocado, más comprometido, más en fuego por Dios; cuando está a punto de recibir una recompensa, de alcanzar una meta, de lograr un propósito, de llegar a un destino u obtener un rompimiento… ¡De repente…! Algo ocurre que lo frena, que evita que logre lo que tanto anhela. Quizá le ha pasado que una pequeña distracción imprevista le desbarata, en un instante, todo aquello que le tomó mucho tiempo construir. Aunque parezcan simples casualidades, como cristianos debemos estar apercibidos de que son estrategias del enemigo. Precisamente, la distracción es el arma que con mayor frecuencia usa el diablo contra el pueblo de Dios. El maligno lucha con todas sus fuerzas para distraernos, a fin de truncar nuestro propósito divino, impedir que tengamos acceso a la revelación y al poder sobrenatural de Dios, y evitar que nos equipemos espiritualmente para los últimos tiempos.

Muchos en la iglesia han caído en la trampa de la distracción; por eso no salen a predicar el evangelio del reino ni a anunciar la segunda venida de Cristo. Están distraídos; han perdido la convicción de quiénes son en Cristo, de su llamado, propósito, asignación y metas. Han caído en la trampa favorita del enemigo. Satanás está haciendo todo lo posible por retrasar la segunda venida de Cristo, porque sabe que entonces, su tiempo habrá terminado, su juicio será completado y vendrá su condenación final (vea Apocalipsis 20:10).

La distracción es la herramienta principal del enemigo en el tiempo final.

El enemigo usa las distracciones para desgastarnos y hacer que abandonemos el “campo de batalla”. Esa estrategia la repite una y otra vez, porque sabe que los seres humanos tendemos a rendirnos fácilmente ante una situación prolongada o repetitiva. Por el contrario, si usted persevera y no se deja vencer, el adversario terminará rindiéndose. Es importante saber que él siempre usará algo que a usted lo atraiga o le resulte tentador; porque la clave de la distracción es sacar provecho de una debilidad suya. Por eso, la distracción lo mueve y lo desenfoca fácilmente, porque está hecha a su medida.

Una distracción es todo aquello que aparece para desviar nuestra atención del destino, meta, llamado y propósito que Dios tiene para nosotros. Es una estrategia del enemigo para que siempre estemos dando vueltas en el mismo lugar. Las distracciones suelen aparecer en forma de personas, cosas, lugares, nuevas metas, problemas y hasta aparentes bendiciones. No todo lo que parece ser bueno es bueno para usted. Lo realmente bueno para nosotros es aquello que contribuye al avance y cumplimiento de nuestro propósito. No siempre es fácil identificar lo que nos está distrayendo, así que debemos estar alertas, permanecer enfocados en la meta y saber que estamos haciendo la perfecta voluntad de Dios.

 

Propósito de las distracciones

Como hemos visto, toda distracción tiene el propósito de evitar que una meta sea alcanzada, que una promesa de Dios sea recibida o que un destino sea cumplido. A mayor escala, las distracciones siempre vendrán para que los cristianos no cumplamos el propósito de Dios en la tierra. Es verdad que el enemigo es un especialista en distraernos; pero, por muy tentadoras que parezcan sus ofertas, nosotros tenemos la capacidad sobrenatural de resistir. Si quitamos la vista de nuestra meta, aunque solo sea un segundo, corremos el riego de dar pasos en falso y perder el objetivo.

Sabemos que a Dios nada lo distrae. Por eso, el escritor de la carta a la iglesia en Filipo decía: “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6). Jesucristo recibió la revelación de Su propósito en la tierra, y se mantuvo enfocado de principio a fin, porque sabía que si no lo hacía no podría cumplir la voluntad del Padre.

 

Consecuencias de las distracciones

Como resultado de apartar o desviar nuestra vista de la meta y fijarla en las distracciones, vienen numerosas consecuencias.

 

Entre otras podemos mencionar las siguientes:

  • Perdemos el enfoque
  • Retrasamos el progreso
  • Nos volvemos improductivos
  • Nuestras fuerzas se disipan
  • Impiden que nos comprometamos
  • No nos permiten alcanzar lo que nos ha sido prometido
  • Nos aleja de cumplir nuestro propósito y llamado
  • Nos lleva a vivir como vagabundos; y sabemos que un vagabundo es alguien que ha perdido su lugar en Dios y, por lo tanto, vive en el desierto.

Las distracciones funcionan en la gente inmadura y en aquellos que carecen de discernimiento espiritual.

 

Cómo reenfocarse:

Para leer la siguiente parte haga clic AQUÍ.

Usted puede leer más sobre las estrategias que el enemigo usa contra nosotros en el nuevo libro del Apóstol Guillermo Maldonado – AQUÍ.

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