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En Tiempos de Estrés, Dios Sigue Teniendo el Control

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La frase “descansar en Dios” significa dar al Señor el control absoluto sobre nuestra vida y futuro. Esto muestra a Dios que confiamos plenamente en Él y en Sus propósitos para nosotros. Sólo Dios conoce el futuro, y sólo Él tiene el control. Por eso tenemos que aprender a rendirnos a Él y entregarle nuestras preocupaciones, tal como nos enseñó Jesús en Mateo 6.

 

El estrés siempre está conectado a un área de nuestra vida que aún no hemos entregado a Dios. A menudo, experimentamos estrés debido a la lucha que existe entre nuestra carne (nuestra naturaleza humana caída, contra la que seguimos luchando en esta vida) y nuestro espíritu (nuestro ser interior, hecho vivo en Cristo). Si no entregamos un área en particular a Dios, se convierte en una pesada carga para nosotros. 

 

Cuando descansamos en Dios, podemos tener paz y alegría en cualquier circunstancia, sabiendo que Él se ocupa de nuestras necesidades mientras continuamos haciendo nuestra parte, lo que sea que esté bajo nuestras responsabilidades humanas. Las mayores bendiciones vienen cuando descansamos en el amor, la bondad y la fidelidad de Dios.

 

Echando nuestro cuidado en Dios

La Biblia habla del descanso de Dios cuando dice: “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7). ¿Qué significa “echar” nuestras preocupaciones o ansiedades sobre Dios? Significa renunciar a nuestra preocupación, reconociendo que no necesitamos resolver los asuntos con nuestras propias fuerzas. Podemos depositar nuestra confianza absoluta en Él para que trabaje en nuestro nombre. Si las situaciones en nuestro negocio, iglesia, trabajo, familia o salud nos causan estrés, debemos encomendarlas inmediatamente a Dios.

Debemos saber que mientras nos aferremos a nuestras preocupaciones, el enemigo aumentará la presión contra nosotros, trayendo estas preocupaciones a nuestra mente una y otra vez y creando un patrón opresivo de estrés. Cuando entramos en tal ciclo, es cuando el estrés se convierte en una cuestión espiritual. Una de las evidencias de la actividad demoníaca en la vida de una persona es la impaciencia, la falta de descanso y la falta de sueño. Si el enemigo logra robarnos nuestra paz–y con ella, nuestro sueño–el estrés se vuelve inevitable. Poco a poco, la falta de descanso abre el camino a la actividad demoníaca. A medida de que nos entregamos completamente a Dios, los ciclos de estrés pueden romperse.

 

El yugo de Jesús es fácil

Jesús entiende por lo que estamos pasando. Por eso dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30).

Cuando seguimos un camino opuesto a la voluntad de Dios, llevamos una carga muy pesada. Incluso nuestros patrones de pensamiento se adaptan a la carga que llevamos y nos impiden ver una salida. Pero hoy, Jesús nos dice: “Dame la carga que el mundo ha puesto sobre ti o que tú has tomado sobre ti mismo–la carga que te oprime y te esclaviza–y a cambio, te daré mi ‘yugo’, que es fácil, y mi ‘carga’, que es ligera”. 

 

Tiempos de refrigerio

El apóstol Pedro dijo:

“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio” (Hechos 3:19).

Experimentamos tiempos de refrigerio o descanso al permanecer en la “presencia del Señor”, porque es en Su presencia donde encontramos todo lo que necesitamos. En el Salmo 23, David describe al Señor como un buen Pastor que provee todo lo necesario para Sus ovejas para que no tengan nada de qué preocuparse. El libro de los Salmos también revela que, además del descanso, estar en la presencia de Dios nos da alegría: “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” (Salmos 16:11).

 

Señales de descansar en Dios

Hay tres señales inequívocas de que hemos entrado en el descanso de Dios:

  1. Tenemos paz

Cuando nos arrepentimos de nuestros pecados y recibimos el perdón de Dios, Él nos llena de Su paz. Cuando le damos a Dios nuestras cargas, Él nos las quita y nos da Su paz. Cuando le entregamos nuestra voluntad, Él cumple Su voluntad en nuestras vidas y nos sumerge en Su paz. La paz que recibimos no es sólo una paz en la que hay ausencia de conflicto. En cambio, es una paz que nos eleva por encima de cualquier conflicto y nos lleva a trascender lo natural y a vivir en lo espiritual.

  1. Adoramos a Dios

La adoración sincera surge de estar en un lugar de intimidad con Dios. Cuando vivimos en el descanso de Dios, no lo adoramos sólo cuando las cosas van bien y no tenemos problemas. Más bien, incluso en medio de la tormenta más difícil o la noche más oscura de nuestra vida, elegimos darle el lugar de preeminencia y adorarlo en ese lugar de descanso. 

Hay momentos en los que podemos empezar a adorar a Dios en la carne, haciéndolo con nuestras propias fuerzas con nuestra mente, cuerpo o emociones, porque el estrés nos está controlando. Sin embargo, viendo nuestro deseo genuino de adorarle, Dios enviará Su Espíritu Santo para que venga y nos ayude a adorarle “en espíritu y en verdad” (Juan 4:23, 24). Cuando esto sucede, nuestro estrés se desvanece al entrar en el descanso de la presencia de Dios.

Si se enfrenta a situaciones que le causan estrés, necesita urgentemente entrar en la presencia de Dios. Cuando vayas a tu Fuente, Él quitará toda carga, porque en Su presencia, hay una provisión total.

  1. Continuamente permitimos que Dios esté en control

El sacrificio de Jesús abrió el camino para que todos los que creen en Él y lo confiesan como Señor y Salvador de sus vidas puedan entrar en la presencia de Dios. Cuando estamos en la presencia del Señor, nada de lo que pueda suceder a nuestro alrededor o en el mundo puede hacernos entrar en un ciclo de preocupación o miedo, porque sabemos que Dios tiene el control. 

 

Cuando estamos estresados, no podemos ver, oír o discernir lo que está sucediendo en el mundo espiritual; nuestros sentidos espirituales están bloqueados, y sólo percibimos lo que está ocurriendo en el reino natural. Sin embargo, cuando entramos en el descanso del Señor, vivimos en continua anticipación de ver la siguiente cosa que Dios hará. No nos conformamos con las imposibilidades declaradas por las mentes naturales, pero esperamos fielmente que el Señor actúe. El mayor milagro que podemos experimentar es ver a Dios hacer lo que es imposible para nosotros.

 

No verás cómo Dios actúa a tu favor hasta que te comprometas a descansar en Él, liberando tus preocupaciones a Su cuidado. Esto no es algo que se logra de la noche a la mañana; se necesita tiempo y persistencia para cambiar la forma en que manejamos los problemas y para entender el pleno significado de “descansar”. En cierto sentido, descansar en la presencia de Dios nos hace espectadores de lo que Él está haciendo. Sin embargo, esto no significa que debamos ser indiferentes mientras esperamos Su intervención, porque Él desea que participemos en Sus propósitos. Más bien, significa aprender a vivir diariamente por la fe, esperando siempre el “algo nuevo” que Él hará.

 

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Extractos editados de Vida Libre de Estrés, © 2019 por Guillermo Maldonado, publicado por Whitaker House. Usado con permiso. 

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